Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolífica mente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

En realidad opto por vivir las mentiras. Esas pequeñas mentiritas que me hacen bien. Esas fantasías mientras cierro los ojos para dormirme. ¿Quién va a negar que en esos momentos no empieza a imaginar situaciones? Las amo, las adoro, las disfruto como pocas cosas. Porque tal vez nunca me animaría a realizarlas, pero en mi cabecita lo peor que me puede pasar es pensar que es mejor no hacerlo y listo. Y dicen que el que no arriesga no gana. ¿Pero si no tenemos nada para arriesgar? ¿O si en realidad no queremos ganar nunca? ¿O si nos divierte más vivir las cosas con miedo y sin decisión? ¿Si prefiero vivir en mi cabeza antes que en vivo y en directo?