Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolífica mente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Me enseñaste a no fumar sin desayuno, Me enseñaste a dividir, Que la suma de uno y uno siempre es uno, Si se aprende a compartir.

Me enseñaste que los celos son traviesos, Que es mitad falta de sesos y mitad inseguridad, Me enseñaste a ser pareja en libertad. Me enseñaste que el amor no es una reja, Y que es mentira la verdad.

Me enseñaste que no es bueno el que te ayuda, Sino el que no te molesta, Me enseñaste que abrazado a tu cintura, Todo parece una fiesta, Me enseñaste muchas cosas de la cama, Que es mejor cuando se ama, Y que es para dormir, Me enseñaste entre otras cosas a vivir, Me enseñaste que una duda puede más que la razón

Pero fallaste mi gurú, Se te olvidó enseñarme que hago si no estás tú, Me enseñaste de todo excepto a olvidarte, Desde filosofía hasta como tocarte, A saber que el afrodisiaco más cumplidor, No son los mariscos sino el amor.

Pero no me enseñaste a olvidarte, Me enseñaste de todo excepto a olvidarte, A convertir una caricia en una obra de arte, A saber que los abogados saben poco de amor, Y que el amor se cohibe en los juzgados

Donde se apaga el amor que quedó, No encuentro el interruptor, Si hay que aceptar que nuestra historia voló, De donde saco el valor.