Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolífica mente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante.

domingo, 22 de agosto de 2010

¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor.  No se podía hablar más que de amor. Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos.  Amor analizable, analizado. Amor ultramarino.  Amor ecuestre.  Amor de cartón piedra, amor con leche...  lleno de prevenciones, de preventivos;  lleno de cortocircuitos, de cortapisas.  Amor con una gran M, con una M mayúscula,  chorreado de merengue,  cubierto de flores blancas... Amor espermatozoico, esperantista.  Amor desinfectado, amor untuoso...  Amor con sus accesorios, con sus repuestos;  con sus faltas de puntualidad, de ortografía;  con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.  Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,  que arranca los botones de los botines,  que se alimenta de encelo y de ensalada. Amor impostergable y amor impuesto.  Amor incandescente y amor incauto.  Amor indeformable. Amor desnudo.  Amor-amor que es, simplemente, amor.  Amor y amor... ¡y nada más que amor!