Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolífica mente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Me han dicho que hay un lugar donde el sol del mediodía no quema, donde las noches de luna llena no te hacen llorar.
Me han dicho que en ese lugar te la pasas recostada en la arena, poniendo avisos, mujer condena al que la haga sudar.
No sé por qué esa necesidad de viajar tan lejos de la realidad, poniéndote una caretas en el corazón pretendes olvidar.
El pasacalle en Campichuelo aquellas noches que bajo un pañuelo me decías "Mi amor, yo nunca te voy a cambiar".
Prefiero naufragar en este mar de corcheas locas de atar hasta tus besos olvidar.
Prefiero perder el tiempo tomando unas copas de bar en bar y nunca nunca despertar.
Tendría que haberle hecho caso a Joaquín cuando dijo lo que dijo esa vez cuando esa mujer se iba dándole la espalda.
Tendría que haberle hecho caso, y así saber bien cómo era en realidad tu frente, tu lengua y tu falda.
Por suerte me subí a un tranvía justo cuando me iba a atar a las vías, que me dijo "Campeón, puedo ayudarte en tu elección".
Pero te advierto que este tren consejero, que no sabe lo que es mirar atrás, me ha dicho que en tu estación no va a parar.